sábado, 26 de diciembre de 2015

"Es tarde... "



   (Basado en una historia real. La historia y los nombres se han modificado)

   Antes del fin del curso a Sara le habían dicho sus profesores que iba bastante mal en alguna asignatura y que, posiblemente, haría falta meterla en el programa de recuperaciones de la escuela para poder llevar mejor el curso que le esperaba tras el verano. Noticia que no le agradó demasiado ya que ese programa tenía mala fama por la clase de alumnos que había en él. Pero no tenía elección si quería sacar el curso y no repetir.

   [24 de Septiembre de 2013]

   Tras las vacaciones, durante la segunda semana de empezar el curso, tuvo su primera clase de recuperación. Nada más entrar todos los alumnos se le quedaron mirando pero al momento volvieron las cabezas para seguir haciendo sus deberes. Todos excepto tres de ellos que estaban situados al final de la clase en un extremo y formando un pequeño grupito con las mesas. Eran dos chicos y una chica que le miraban con una ligera sonrisa y cuyos ojos no apartaban de cada uno de los movimientos que ella hacía.

   Una hora después la clase terminaba. Sara estaba recogiendo sus cosas cuando la chica pasó por su lado, le dejó una pequeña nota doblada y se marchó con sus dos amigos sin apartar la vista de Sara y con la sonrisilla que había mantenido desde que entrara en clase. Abrió la nota y un escalofrío recorrió cada pequeña parte de su cuerpo: “Bienvenida a tu infierno”.

   (2 de Noviembre de 1990)

   “Carlos muérete” es lo que me he encontrado escrito en el pupitre esta mañana cuando he llegado a clase. Estoy cansado de soportar esto todos y cada uno de los días de mi vida. Es como vivir en un infierno desde que me levanto hasta que me acuesto. Le he dicho a mis padres que quiero que hablen con la profesora pero, como siempre, sus vidas son mucho más importantes que la de su propio hijo…

   [11 de Octubre 2013]

   Ya habían pasado varias semanas y las cosas empeoraban. Ya no solo eran miradas, notas,… Las cosas que le hacían iban aumentando: la perseguían a la salida del instituto, la insultaban, la humillaban.

   Durante la clase de Educación física coincidieron los cursos de Sara y los tres abusones del aula de recuperación. Tras finalizar los calentamientos los profesores de ambas clases decidieron juntarles a todos. Les dividieron en cuatro grupos para hacer varios partidos de hockey al mismo tiempo.

   A ella le tocó jugar contra el grupo en el que estaban ellos tres. A mitad del partido uno de sus compañeros hizo que tropezara con tan mala suerte que golpeo en la pierna a Diego, uno de los tres abusones, con su stick. Diego cogió del brazo a Sara, acercó la boca a su oído y le susurró: “Estás acabada, estúpida”. Al llegar los profesores, Diego se alejó como si nada hubiera pasado y, acompañado por su profesor, se fue a la enfermería.

   Tras salir, Diego fue al baño para limpiarse un poco de sangre que le quedaba en el pantalón. A los 5 minutos todas las luces del cuarto de baño se apagaron y un repentino aire helado inundó todo. Una de las puertas de los retretes se abrió lentamente. Cuando se acercó vio que algo estaba escrito en grande dentro, en la pared: “La cuenta atrás ha comenzado”. Diego no le dio demasiada importancia pensando que eran estupideces de los niños de primero de la ESO y se fue.

   (13 de Diciembre de 1990)

   Acabo de llegar a casa. Hoy he terminado en la enfermería. Gracias a que ha aparecido Eva a tiempo no han podido terminar pero la paliza que me han dado ha sido muy grande. Me quieren matar… Se lo he visto en sus ojos. Tengo que hacer algo. No puedo más. Mis padres todavía no han llegado de trabajar, tengo que intentar que no sepan nada de lo que me han hecho. La cara no me la han tocado así que será más fácil ocultarlo. Si esto sigue así, se lo diré. Me quiero cambiar de colegio.

   [14 de Octubre de 2013]

   Sara no sabía qué iba a encontrarse tras el incidente de la semana anterior. Tenía miedo de la inmerecible pero posible venganza de Diego.

   Al entrar en el instituto notaba que los chicos y chicas la miraban y cuchicheaban. Según iba caminando se iba encontrando a más y más alumnos que, a sus espaldas, empezaban a hablar o se iban cuando la veían aparecer. Entonces fue cuando lo vio. Su taquilla estaba completamente destrozada, sus cosas por el suelo algunas incluso quemadas, sus libros destrozados,… “Pero, ¿esto qué es?” pensó para sí. Se agachó lentamente para revisar sus cosas y los daños sufridos. No quedaba nada sin haber sido tocado.

   Se levantó, giró la cabeza y ahí estaban en una esquina Diego y sus amigos mirándola y sonriendo.
 - ¿Qué ha pasado? – Al momento apareció Vera absolutamente asombrada -. ¿Han sido ellos?
 - Pues parece que sí… - Dijo Sara sin siquiera mirar a su amiga.
 - Venga que te ayudo -. En ese momento sonó el timbre y mientras el resto de alumnos (Diego incluido pero sin quitar el gesto de satisfacción de su rostro) se marchaban a sus aulas, Vera se quedó ayudando a su amiga a coger y guardar las cosas.

   Al ir para clase, Diego no estaba aún lo suficientemente orgulloso de su trabajo con la taquilla y le dijo a sus colegas que ahora iba dando media vuelta. Oculto tras una de las esquinas del pasillo se quedó observando a Sara y Vera recogiendo todo.

   A su espalda notó unos pasos que corrían hacia donde él estaba. Se giró rápidamente y vio a un chico parado a unos 3 metros. De un salto, Diego se apartó, asustado. El chico tendría su misma edad pero vestía de una manera anticuada y tenía mala cara;
 - Pero, ¿qué…? ¿Quién eres?, lárgate que me estás molestando anda…  – dijo Diego volviendo a asomarse para observar a las dos chicas.
El chico miró hacia la zona donde estaban Sara y Vera  y volvió a mirar para Diego.
 - Las personas como tú nunca tienen un buen final –.
El espía volvió su cabeza y con una mirada amenazante le dijo al chico:
 - Mira niñato, o te largas de aquí y me dejas en paz con esas gilipolleces o… - no pudo acabar la frase porque el chico se estaba subiendo lentamente la manga dejando a la vista una larga cicatriz en su brazo –.  ¿Qué haces, qué haces ahora? – Tras eso, de la parte de atrás de su pantalón sacó una pequeña navaja.
 - Eh, eh, chaval, vale… no quiero ninguna clase de lio de este tipo. El niño se la acercó al brazo y ante el asombro de Diego se abrió la cicatriz.

   Su brazo de inmediato comenzó a doler justo en la misma zona en la que el chico estaba haciendo eso. El dolor no paraba y aumentaba cada vez más de intensidad hasta que se hacía prácticamente imposible de aguantar. Se subió la manga de la chaqueta y vio una gran herida en el brazo. La misma herida que tenía ese muchacho. Diego soltó un gran grito de dolor a la vez que Sara y Vera se giraban asustadas para ver de dónde provenía tal alarido. Le vieron sujetándose el brazo mientras gritaba.

   De golpe todo se calmó; su brazo lejos de dolerle como hacía 5 segundos lo único que sentía era quemazón y el chico había desaparecido.
 - ¡¿Es que no le habéis visto?! ¡¿Habéis visto lo que me ha hecho?! – Dijo Diego esperando su cooperación.
 - ¿Ver? ¿Ver el qué? ¿Estás bien? – Preguntó Vera con cierto desconcierto.
Diego miró para todos lados buscando a ese chico pero no encontró más que las miradas extrañadas de Vera y Sara. No sabía qué estaba sucediendo y simplemente suponer que ellas dos estuvieran pensando que estaba volviéndose loco le ponía mucho más furioso que lo que fuera que quisiera ese chico.
 - ¡Bah! ¡Dejadme en paz, niñatas! - Dijo mientras se daba media vuelta y se iba a paso ligero mirando para todos lados y, de vez en cuando, girando la cabeza para mirar con desprecio a las dos chicas.

   (14 de Diciembre de 1990)

   Al llegar hoy a clase lo primero que tuve que ver fueron las miradas de orgullo y satisfacción en sus caras. Como si lo que me hicieron ayer fuera una medallita más en su lista de objetivos para acabar conmigo. Esas miradas… como si lo hubieran hecho bien en la vida; aplaudiéndose a sí mismos en sus cabezas, seguramente, y planeando en momento y el lugar para tachar otro de sus propósitos.

   [23 de Octubre de 2013]

   Desde lo que le había pasado hacía una semana aproximadamente, el comportamiento de Diego había empeorado. Ahora se encargaba de meterse con otros chicos y chicas del centro, en las clases se las pasaba volviendo locos a los profesores, sus visitas a jefatura habían aumentado y su aspecto físico también había cambiado. Estaba mucho más descuidado. Cuando le veían por los pasillos se comportaba como si le estuvieran vigilando porque no paraba de mirar para todos lados; a veces, incluso, aligeraba el paso cuando se veía caminando solo por ellos.

   Tras la clase de Tecnología de ese día, Vera le había dicho a Sara que se iba a ir a la hora siguiente a la biblioteca a estudiar para el examen de francés que tenían  el viernes. Sara recogió sus cosas y se marchó hacia su clase para hacer unos ejercicios y así quitarlos de en medio para el día siguiente.

   Cuando iba por el pasillo notó que la estaban siguiendo. Al girarse vio a Diego con un aspecto bastante lamentable y que se dirigía hacia ella. Volvió a girarse y acelerar el paso. Cuando ella aceleraba, él también. Sara estaba asustada porque sabía que algo malo le iba a hacer y echó a correr pero no le dio tiempo. En seguida la alcanzó y la empujó contra la pared. Sus cosas se cayeron por el suelo y Diego la agarró fuerte por el brazo.
 -¡¿Creías que lo único que te iba a pasar después de lo de gimnasia era lo de la taquilla, niñata?!- le gritó a la cara Diego mientras ella intentaba con todas sus fuerzas escapar de su agresor.

   En un momento de descuido, Sara consiguió escabullirse y salir corriendo. Corrió con todas sus fuerzas y se metió en los vestuarios de las chicas que estaban al lado del gimnasio, cerró el portón y se escondió en los vestuarios de las chicas. No sabía qué hacer y si la encontraría. Rezaba porque eso no sucediera.

   El portón se abrió. Sara empezó a escuchar unos pasos que se detenían frente a la puerta del vestuario. No podía dejar de llorar y temblar.
 - Saaaaraaaaaa… - canturreó –. Sé que estás aquí así que sal antes de que te encuentre yo.

   La chica vio la oportunidad de salir de allí si se escapaba corriendo ahora que Diego estaba lejos de la puerta pero cuando fue a salir, la agarró por la cintura y la tiró al suelo.
 - Pero, ¿a dónde ibas? Lo que te va a pasar ahora mismo no va a ser nada malo… - dijo Diego con cierto aire de locura en su mirada –. Seguro que nadie te lo ha hecho nunca;  pero si te portas mal, será mucho peor.
 - Por favor, te lo suplico, déjame en paz, deja que me marche. No tengo nada en contra de ti
 - ¡PERO YO EN CONTRA DE TI, SÍ ¡- dijo inmediatamente el chico. Sara se fue hacia la pared de espaldas. Diego la agarró y la arrastró hacia él mientras ella oponía toda la resistencia que podía entre gritos de terror.
 - ¡Qué te calles, joder! ¡Qué te calles! -  le tapó la boca a lo que Sara respondió con un mordisco que le hizo gritar de dolor. Aprovechó para intentar escapar pero él en seguida se dio cuenta y la arrastró de nuevo hacia donde estaba.
 - Te vas a enterar… - con fuerza la echó contra el suelo y se puso encima de ella, agarrándole las manos para bloquearla.  Sara no dejaba de gritar, llorar y retorcerse para escapar y cada movimiento que hacía, él la bloqueaba con aún más fuerza.
 - ¿Te gusta esto, eh? ¿Te gusta? – dijo el chico mientras intentaba ir más lejos.

   En ese momento Diego escuchó un sonido a sus espaladas; como si uno de los espejos hubiera caído al suelo y se hubiera roto. Se incorporó un poco y giró la cabeza. Allí estaba. Era otra vez ese chico.
 - “¿No tuviste suficiente?” – dijo el muchacho.
 -¡¿Qué?! ¡¿Otra vez tú?! ¡Déjame en paz, chalado! – de inmediato, Diego se quitó de encima de Sara, la cual aprovechó el momento para alejarse arrastrándose por el suelo hasta que su espalda chocó con la pared. No entendía nada; ni qué estaba pasando ni con quién estaba hablando Diego. Ella no veía a nadie…
 - “Intenté advertirte pero los chicos como tú habéis nacido para hacer daño” – Desapareció de detrás de Diego mientras éste seguía escuchando sus palabras como si se estuviera moviendo de un lado para otro. Le escuchaba en las paredes, le veía aparecer y desaparecer en los espejos. Se estaba volviendo loco.
 - ¡PÁRATE! ¡PARA, PARA, PARA! – Gritó Diego mientras intentaba taparse los oídos; pero esa voz resonaba en su cabeza también.

   El chico se le apareció delante, justo al lado de una Sara que estaba aterrorizada y sin entender nada de lo que estaba viviendo en ese momento. Solo podía ver a Diego como loco mirando para todos lados, girándose bruscamente, tapándose la cabeza y gritando.
 - “Habéis nacido para hacer daño… El mismo daño que me mató”
Diego se paró en seco frente al muchacho. Su desesperación de inmediato se convirtió en un terror atroz. Un terror que le hizo salir espantado del vestuario. En su huida, se encontró de bruces con el profesor de Tecnología que había llegado alertado por los gritos que estaba escuchando provenientes de el vestuario; le empujó y emprendió de nuevo su huida desesperada.

   El profesor entró a ver qué ocurría y qué había sido lo que había aterrorizado al chico. Dentro, se encontró a Sara en el suelo, llorando y temblando de miedo. Estaba desconcertada por todo lo que había sucedido allí dentro en tan poco tiempo. Demasiadas cosas que asimilar y a la vez con miedo de que esto volviera a suceder.

   (20 de Diciembre de 1990)

   Mi paciencia tiene un límite y ese límite será mañana. Esto no tiene solución… Si alguna vez alguien encuentra este diario que sepan que lo que voy a hacer es la única manera para encontrar la felicidad y la tranquilidad. Y sabéis todo lo que estoy sufriendo. Estoy solo… Mis padres hoy me han dicho que me cambiarían de instituto al año que viene pero ya… Ya es tarde…

   [28 de Octubre de 2013]

   Casi  5 días hacía que había pasado lo del vestuario. El mismo tiempo que hacía que alguien viera a Diego por última vez. El viernes pasado sus padres habían estado en el centro para preguntar por su hijo por si alguien sabía algo de él y para que les ayudaran a encontrarle.

   Sara por su parte aún estaba algo afectada pero, al no volver a verle, evitaba volver a recordar algo de lo que allí sucediera. Vera y ella se dirigieron a su siguiente clase. Los colegas de Diego estaban sentados juntos, al final de la clase como de costumbre y tenían expresiones muy diferentes a las habituales. Esa actitud altiva y de desprecio hacia los demás se había transformado en una actitud seria; se habían vuelto pequeños. Sin su cabecilla estaban acobardados.

   El profesor les había mandado ponerse por parejas a todos en clase para hacer un ejercicio cuando de golpe y sin esperarlo nadie, la puerta de la clase se abrió. Todas las luces comenzaron a pestañear y cuando volvieron a la normalidad algunas se fundieron. Todo quedó en silencio. Un chico entró en clase. Las luces delanteras se habían quedado apagadas con lo cual no se podía llegar a ver bien su cara.  Sara y Vera sí podían ver que ese chico llevaba una ropa muy desaliñada. Estaba mal vestido, su ropa estaba sucia, por algunas zonas rota.

   El chico se giró lentamente hacia la pizarra, cogió uno de los rotuladores y comenzó a escribir algo: “Este es mi castigo. Yo pagaré por todos los que son como yo. Me he arrepentido pero ya es tarde… “

   Dejó caer el rotulador. Cuando se dio la vuelta, dio unos pasos hacia el frente de la clase y ahora sí pudieron verle la cara. Era Diego. Tenía una expresión  de cansancio, mala cara, ojeras; estaba como hipnotizado. En ese momento, de dentro de su sudadera, sacó una pequeña pistola.

 - Ya tengo lo que me merezco – Justo al terminar de decir la frase, empuñó fuerte el arma, se la acercó a la cabeza y sin perder más tiempo apretó el gatillo…
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   Nota de la autora: Este relato es un ejemplo de lo que pasa a diario en muchos centros escolares de todo el mundo. Las historias y situaciones que se cuentan en este relato están recogidas de casos reales, e incluso situaciones que yo misma he sufrido. El Bullying es algo muy serio. He querido plasmar, no solo una historia sino más de una para que vean lo serio que es. Pero se quedan mucha más en el camino.


   Carla, Arancha, Jokin, Victoria, Rebecca, Federico, Mónica, Amanda, Rehtaeh, Jorge, Marion, Phoebe,… Y otros cientos de niños y niñas que sufrieron este infierno o que ya no están aquí por esta misma causa, ojalá algún día se haga justicia por todos/as  vosotros/as. Y, sobre todo, Jeremy, cuya historia es la base de este relato… Descansad en paz. 

1 comentario:

  1. Este es bueno,mezcla el terror sobrenatural con realidad, aparte muy original la combinacion entre presente y pasado.

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